Abordar la comunicación de manera corporativa

Tengo la suerte de ser profesor invitado en la primera edición del Máster en Gestión y Liderazgo en Cuidados de Enfermería, que imparte on line Salusplay, donde he impartido una sesión sobre “Liderazgo, comunicación y resultados en pacientes”. En esta sesión, en un momento dado hago una pregunta a las asistentes, en su gran mayoría enfermeras con responsabilidad en la gestión de equipos:

¿La comunicación de vuestros equipos con los pacientes es homogénea o depende de la persona?

Como era de esperar, la respuesta es unánime: no hay una comunicación homogénea y es un área que se deja al arbitrio de cada miembro de equipo. Eso significa, por ejemplo, que ante una misma demanda de información de un paciente sobre su proceso, en función de quién le atienda en ese momento puede obtener mucha información, poca información, mala información, o una mezcla de todas ellas.

Al profundizar en el tema, todas y cada una de las asistentes coinciden en que un aspecto tan relevante en el proceso asistencial no debe dejarse a la improvisación, y que la comunicación debe responder a unos objetivos y estrategias comunes, garantizando por supuesto que cada persona pueda aportar su toque personal.

La siguiente pregunta que surge en esta reflexión es “muy bien, ¿y cómo lo hacemos?”. Más allá de entrar en teorías, desde hace un tiempo utilizo el ejemplo del Hospital Son Espases, que en 2018 publicó un “Decálogo de buenas prácticas en enfermería” que establece los 10 recursos y comportamientos que el hospital quiere que sean reconocibles en todas sus profesionales de enfermería.

(El decálogo me llegó por cortesía de @jmgavala y @Pilaricand).

 

Me gusta este decálogo, y me gusta mucho en varios sentidos:

  1. Porque pone lo relacional y la comunicación en el nivel de relevancia que le corresponde en el proceso asistencial.
  2. Porque busca que la comunicación sea corporativa y estratégica.
  3. Porque es sencillo y, por tanto, facilita su despliegue.
  4. Porque cubre desde lo más elemental (presentarse), hasta elementos de mucho calado como el apoyo emocional.

Iniciativas de este tipo suponen avances sólidos para que una organización esté verdaderamente orientada al paciente y, desde mi humilde opinión, me atrevo a sugerir que el siguiente paso a este decálogo podría ser desarrollarlo de manera personalizada en función de dispositivos asistenciales, tipologías de pacientes o patologías.

Por ejemplo, ¿podríamos entrenar a las profesionales que atienden a mujeres que acaban de sufrir un aborto para ayudarles a afrontar emocionalmente la situación y que ese apoyo no dependa de la voluntad o de la capacitación individual de cada profesional? ¿Acaso hacerlo de manera corporativa no mejoraría la calidad de la asistencia y situaría a las pacientes en una posición mejor para su recuperación?

Estoy seguro de que sí, así que trabajemos para más iniciativas como la de Son Espases y en sus desarrollos posteriores.

 

Foto destacada diseñada por freepik.es

José Mari Iribarren

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